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Conexión de los moriscos con los berberíscos y turcos

Conexión de los moriscos con los berberíscos y turcos

El contenido de este post es un artículo de Emilio Sola que me he permitido retocar ligeramente (espero no haber cambiado el sentido del mismo) a fin de hacerlo más asequible al alumnado de secundaria.

Los interesados puede ver el artículo completo en la web de Archivo de la Frontera, pulsando en los diferentes links. Todo el contenido de la web es muy interesante, también para los estudiosos de la literatura clásica española, especialmente con la relación con Miguel de Cervantes y Saavedra.

Archivo de la frontera

CORSARIOS O REYES. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes.

Emilio Sola. Alcalá, 1998.

(RESUMEN LIGERAMENTE ADAPTADO por CMFdeL para este blog)

Moriscos valencianos/corso berberisco y la actividad inquisitorial en tiempos del hermano de Jorge Manrique, el gran inquisidor Alfonso Manrique, como fuente para la elaboración de martirologios islámicos, tan populares en Barbería como las historias de cautivos en Castilla.

(1533) "Jueves, a 12 de junio, estando su majestad en Valencia, se hizo un auto, en el cual fueron quemados 300 hombres y mujeres y 14 estatuas de muertos, y fueron reconciliados 32. Algunos de ellos eran tan ricos que valió su confiscación 80.000 ducados. Y fue muy importunado el emperador de todos los del reino de Valencia para que hiciese guerra al tirano Barbarroja, que residía en la villa de Argel, puerto de mar que era en Africa, porque les quitaba el comercio de Mallorca y la navegación de Italia, y el trigo que les traían de Sicilia, y les llevaba los moradores del reino. "Y permitió Dios, para que su majestad mejor lo creyese y remediase como le rogaban, que aconteciese en aquel tiempo que saltasen en tierra los moros de seis fustas y fuesen a cercar el castillo de Veydor, el cual luego tomaron, robando todo lo que en su majestad, proveyó que hubiese siempre en el reino dos guarniciones, la una que guardase en la Plana y la otra en las villas de Oliva y Gandía".

Este texto puede servir de introducción para abordar la conexión entre los moriscos españoles, sobre todo levantinos, y Berbería. En concreto, la abundante población morisca valenciana, aproximadamente un tercio de la población de aquel reino. Si los españoles de la época podían encontrar en la violencia berberisca una justificación para muchas cosas, los berberiscos consideraban el trato dado por las autoridades civiles y eclesiásticas a sus correligionarios españoles una justificación a su propia violencia contra España y sus gentes cristianas.

La respuesta contestataria (de los moriscos valencianos ante la política oficial) osciló de la emigración a la revuelta. La evasión geográfica, constante ya años atrás, se radicalizó en esta coyuntura. De las revueltas que surgieron por entonces en Valencia la más amplia fue la de la sierra de Espadán, que obligó a un importante esfuerzo bélico, de marzo a agosto de 1526, para su represión.

El Santo Oficio no menguó en su actividad contra los nuevamente convertidos y de 1528 a 1530 fueron citados ante la Inquisición de Valencia ciento seis casos de herejía, de los que la gran parte eran moriscos. De 1532 a 1540 el número de personas juzgadas por herejía llegó a cuatrocientos cuarenta y uno y en su mayoría se trataba de moriscos.

La aceleración del tratamiento del problema morisco hay que insertarla en el contexto de la agobiante incidencia de la piratería que en los años treinta no haría más que agudizarse. El 11 de enero de 1530 se publica en Valencia un bando real por el que se impone pena de muerte a los moriscos valencianos que, sin permiso, mudasen de domicilio o penetrasen en los lugares o términos de Polop, Callosa, Finestrat, Bolulla, Orxata, Sella y Relleu, con el fin de evitar contactos con los piratas. En 1535 Barbarroja merodeaba por las costas de Oropesa y Villajoyosa haciendo numerosos cautivos cristianos. La relación entre moriscos y piratas es indiscutible. Danvila aporta pruebas irrefutables a través del análisis de los procesos inquisitoriales incoados contra Joan Salvatierra y Alfonso Cantalapiedra, moriscos agentes y espías de Barbarroja. Las Cortes de 1537 se hicieron eco de esta problemática estableciendo las penas de galeras como penitencia habitual en los procesos de la Inquisición.

La gran ofensiva contra los moriscos se va a producir desde 1540. La pragmática real de 1541 prohibiendo tal conexión de moriscos con turcos, así como la libre acogida de los moros granadinos, `alarbes' o `tagarinos' en Valencia y el uso de armas ofensivas o defensivas, tiene su inmediata plasmación en la fracasada expedición a Argel. La Inquisición respondió a esta presión coyuntural a través de las directrices represivas del nuevo inquisidor general Pardo de Tavera. En la actuación inquisitorial contra los musulmanes españoles --valencianos en este caso-- estaba una de las claves de aquella envenenada relación de las autoridades argelinas con los cautivos cristianos españoles; en ella veían una justificación primera para las más caprichosas manifestaciones de crueldad, que las justificaban por dicha actuación.

Los moriscos constituyeron en Valencia la víctima más frecuente de la agresividad inquisitorial en los años que nos ocupan (1530-1609), como lo fueron los judíos en el periodo 1480-1530. La contra-cultura judeo-morisca mereció la atención del Santo Oficio, que desde sus orígenes hasta la expulsión de los moriscos procesó a un total de 5.500 judíos y moriscos (un 56,5% de ellos serían moriscos y un 43,5% judíos), cifra que representaría más de las tres cuartas partes del total de procesados desde los comienzos de la Inquisición hasta 1609. Del total de 125 relajados (relajados al brazo secular, lo que significa condena a muerte) de 1566 a 1609, 96 fueron moriscos. La pena de relajación se impuso, entre los moriscos, a los renegados que tenían trato con Argel, a los alfaquíes retajadores o a los inductores a prácticas musulmanas. Se gravaba especialmente la conspiración política o el magisterio doctrinal. Aunque las confiscaciones de bienes moriscos fueron suprimidas jurídicamente desde las Cortes de 1528, en la práctica siguieron aplicándose hasta la concordia de 1571 y después, de 1587 en adelante.

Las penas eran aplicadas por la Gobernación, la Audiencia o la Inquisición. La pena capital más dura era la que imponía la Gobernación, puesto que llevaba implícitos el corte de manos, el colgamiento y la posterior descuartización. La Audiencia, como la Inquisición, se solía limitar a la quema en el poste. La aplicación de la tortura fue, desde luego, siempre menor en los tribunales ordinarios que por parte de la Inquisición, que alcanzó un 30%" Las penas más frecuentes en los tribunales (azotes y galeras) fueron similares a las aplicadas por la Inquisición valenciana. El número de azotes más abundantemente registrado es el de cien.

Es muy probable que la numerosa población de origen valenciano en Berbería tuviera, en su mayoría, alguna historia que contar de confiscaciones de bienes, torturas o muerte en la hoguera por cuestiones religiosas; tuvieran, por lo tanto, sus "suhada" o mártires. Y es muy posible que sus narraciones orales incluyeran toda una casuística terrible, similar sin duda a la narrada por Antonio de Sosa para los medios cristianos piadosos, por ejemplo, y que con el transcurso del tiempo se iría adornando con los mil y un horrores sensibilizando precisamente a las personas más jóvenes y más piadosas.

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